-Tengo que explicarme. Tengo que decírtelo porque sino voy a explotar. Necesito que lo sepas. Cuando estoy contigo es... Me siento estúpida-sonrió, con nerviosismo. Tomó aire y arrancó de nuevo, tragándose la vergüenza-. Me siento estúpida cuando estoy contigo porque me haces feliz y no puedo pensar, ¿entiendes? No puedo pensar en nada que no sean estos ojos tuyos que brillan más que dos soles, en nada que no sea el timbre de tu voz y las palabras que escoges, en nada que no sea tu sonrisa, porque cuando lo haces...-él sonrió, haciendo que ella se sonrojara-. Sí, cuando haces eso me llenas, y sólo quiero estar contigo, sólo quiero abrazarte y quererte, porque a cada segundo que pasa te estoy amando locamente. Espera-dijo ella, anticipándose a la interrupción del chico-. Espera, aún no he acabado. Me siento estúpida porque me robas las palabras, porque eres un oasis, porque el mundo deja de ser frío cuando estás tú, y no sé cómo hacértelo saber, porque todo esto que te estoy diciendo ni siquiera se acerca a lo que me haces sentir sólo con que me mires-suspiró, sintiéndose aligerada tras su discurso, y le miró, esperando.
Él la tomó de la cintura y hundió sus pupilas en las de ella. Acercó su rostro a los labios de la chica, y con dos palabras hizo que el resto del planeta se fundiera.
-Te quiero.

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