SE ESCRIBE
Ella era la maga de las palabras. Las doblegaba bajo su voluntad para conseguir plasmar de forma increíblemente precisa sentimientos e ideas. Ella era una redactora de cartas de amor, una poetisa. Ella era un diario.
Así que cada día escribía mil páginas para mil personas, vertiendo en cada una de ellas su alma entera. Y disfrutaba escuchando a la gente y moldeando todo lo que explicaban para alcanzar el efecto deseado.
De lo que nadie le había avisado era de lo sola que se iba a sentir... Porque ella no tenía a nadie que la escuchase.
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